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Archive for the ‘6.- Lo mejor de los demás’ Category

Gonzalo Rojas
Miércoles 31 de Marzo de 2010

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Mientras ocupaba la Presidencia de la República, se corría un gran riesgo al criticarlo. Desde su Olimpo, Zeus fulminaba a sus contradictores con un rayo, mitad autoritario, mitad irónico. Entonces, aunque muchos se atemorizaban, otros admiraban su prestancia.
Pero el péndulo se trasladó al extremo contrario cuando pasó a ser el simple ciudadano Ricardo Lagos Escobar. No faltó aliancista que no le imputara responsabilidades en campos tan variados como el transporte público o las relaciones exteriores, la seguridad ciudadana o la calidad y transparencia de las obras concesionadas. Incluso en juicio ha tenido que declarar.

Y, entremedio, apareció también un curioso fenómeno: han sido sus propios partidarios —despechados algunos, desilusionados otros— quienes hasta el día de hoy le critican esa tendencia a visitar la política chilena desde los espacios siderales, planear sobre ella, tocarla con su varita mágica y elevar de nuevo el vuelo hacia rumbos desconocidos.

Cuando pasa algo así, cuando a un actor relevante de la vida pública casi todos sus pares —sí, casi todos, de verdad— le critican o censuran esto y aquello, al interesado sólo le cabe reflexionar y corregirse.

Pero Ricardo Lagos Escobar parece incorregible. La culpa, los errores, siempre son de los demás; sólo son suyas las soluciones perfectas. El dedo aquel está siempre presto para señalar el único rumbo adecuado.

Allá por 1989, poco antes de derrotar electoralmente al líder del PPD, Jaime Guzmán afirmaba en la comisión política de la UDI de la época algo así como que “hay dos políticos en Chile que son diferentes y en los cuales no se puede confiar”. Uno de los mencionados fue Ricardo Lagos (el otro no viene al caso; me lo reservo para mejor oportunidad).

Efectivamente: no pueden confiar en Lagos sus adversarios; pero tampoco pueden confiar en él ni siquiera sus partidarios. Así nos lo ha sugerido el mismo Pepe Auth.

¿Por qué? Simplemente porque Lagos ha recordado en estos días dos concepciones suyas que lesionan gravemente la vida cívica, a pesar de sentirse él tan republicano.

Así ha sucedido, ante todo, al insistir en que el Presidente de la República debía ser el líder de la Concertación. Pero justamente lo que se le pedía al asumir la Primera Magistratura, al ejercerla y al abandonarla, es que distinguiera el papel partidario del rol nacional. Está claro que no lo logró. Lagos insistió siempre en el ethos republicano, pero nunca pudo entender la distinción entre la conducción del Estado y el liderazgo partidista. Y persevera en esa confusión, como si desde una nueva coyuntura soñara con reconstruir una opción presidencial.

Y, en segundo lugar, al remarcar que la Concertación perdió porque no supo defender las obras realizadas durante 20 años. Pero precisamente lo que la mayoría electoral ha querido decirle a la Concertación es que, en el balance final, el déficit era perceptible y que por eso no se le renovaba el mandato. Sencillo y claro.

A pesar de esa evidencia, Lagos insiste en achacar la derrota a carencias comunicacionales y no a los errores de las políticas sociales y culturales de la Concertación. Convencido de que se trataba de comunicar mejor y punto, ¿cuánta plata más habría gastado él para ganar la última elección a través de recursos mediáticos?

Cuando alguien toca a Lagos desde la vereda del frente, la piel de la Concertación se enroncha y afloran variados anticuerpos en su defensa. Pero por dentro, a nivel de vísceras, da la impresión de que han entendido exactamente de qué se tratan los actuales propósitos del ex Presidente. Y no parecen muy entusiastas ni unidos para secundarlos.

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Se ha practicado la vieja política de la tierra arrasada: que cuando “ellos” lleguen a “lo nuestro”, no encuentren nada.

Gonzalo Rojas

Lo que hasta ahora se ha sabido resulta escandaloso. Algunos de los nuevos ministros no encontraron los computadores en sus oficinas; otros los recibieron sin la información básica correspondiente; más de seis mil contratos de personas que prestaban servicios a los gobiernos de la Concertación fueron modificados en las postrimerías del período Bachelet; importantes partidas presupuestarias fueron ejecutadas casi completamente en los primeros 70 días del año, y algunos programas, como la Comisión Bicentenario, se quedaron sólo con la caja chica o casi. Ha aparecido, incluso, un ítem en que el gasto efectuado o comprometido excede en 20 por ciento lo autorizado por la misma Ley de Presupuesto vigente.

¿De qué tipo de frescura estamos hablando? ¿Simplemente de aquella que caracterizó los últimos 20 años, marcados por decenas de casos de corrupción, tan grotescos como difíciles de perseguir?

No, esto es distinto; ciertamente es más de lo mismo, pero es también más de algo nuevo.

Algo de corrupción tiene, pero es, sobre todo, saqueo. Porque la corrupción se practica en tiempos de paz, al amparo del poder; pero el saqueo se desata en períodos de guerra, bajo la protección del vértigo. Y lo que se ha hecho en estos casos es justamente tratar a los nuevos administradores del Estado como auténticos enemigos.

Sí, enemigos, porque se ha practicado con ellos la vieja política rusa de la tierra arrasada: que cuando “ellos” entren no encuentren nada que pueda serles útil; que cuando lleguen a “lo nuestro” (que así, “suyo”, consideraba ya la Concertación al Estado), las carencias sean tan grandes que el eventual fracaso sea más factible. Eso les pasa por invasores.

Era falso que desde la Concertación se quisiese superar la lógica del conflicto; ya lo sabíamos respecto de las heridas del pasado, pero ahora se aprecia además respecto de los proyectos del futuro. Ya lo había sugerido Frei años atrás: no les dejemos la plata. Pero poco podía sospecharse que efectivamente hacia adelante se iba a actuar así, con la lógica de una guerra de desgaste total.

Ante este panorama, que será más fácil de documentar y cuantificar a medida que avancen los días, ¿habrá voluntad en las bancadas de la Alianza en la Cámara de Diputados para iniciar las acusaciones contra los respectivos ex ministros de Estado, antes de que se cumplan los tres meses posteriores al abandono de sus cargos?

Pero incluso si esa acción prosperase, el problema pendiente serán, además, los partisanos. Sí, todas esas personas que están quedando detrás de las líneas del nuevo gobierno, es decir, dentro del Estado y que, en el nombre de una supuesta calidad técnica o probidad administrativa, sabrán ocupar sus cargos para minar la eficacia de la administración Piñera. ¿Quiénes son? ¿Dónde están?

Caza de brujas, no. Pero chuparse el dedo para encontrar dentro de unos meses que algunos tornillos han sido efectivamente girados al revés, tampoco.

Una última arista de este problema resulta también muy inquietante. Los privados que recibieron estos enormes aportes presupuestarios (entre 39 y mil 300 millones de pesos, según los casos), ¿se preguntaron qué opinaba sobre esas donaciones el futuro gobierno bajo el cual se ejecutarían los presupuestos de los que se beneficiaban? Que la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos no se lo haya planteado, no sorprendería. Pero que “Un techo para Chile”, Infocap, la Fundación Pablo Neruda y Fasic quizás no hayan consultado este tema con los nuevos administradores es, por lo menos, una indelicadeza.

Alguien podría pensar -sería una pena- que había que conseguir esas platas antes del 11 de marzo, porque después sería muy tarde.

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El futuro ministro de Defensa recibió el saludo protocolar del general, así como el de la máxima autoridad de la FACh, Ricardo Ortega.

SANTIAGO.- Por cerca de 20 minutos estuvieron reunidos en un saludo protocolar el comandante en jefe del Ejército, Óscar Izurieta, y el recién designado ministro de Defensa del Gobierno de Sebastián Piñera, Jaime Ravinet, quien fue invitado al cambio de mando de la autoridad castrense.

“En representación del Ejército he venido a saludar a quien ha sido designado para asumir el cargo de ministro de Defensa (…), a manifestarle algunos aspectos importantes de la institución e interiorizarlo muy brevemente en este saludo, que es más bien protocolar, de lo que pasa en el Ejército”, afirmó el comandante Izurieta.

El general añadió que también “he venido formalmente a invitarlo al cambio de mando del comandante en jefe del Ejército, que se realizará el 9 de marzo”.

Asimismo, el militar sostuvo que seguirán habiendo reuniones posteriores con el actual ministro Francisco Vidal, las cuales son propias del traspaso de mando que se está realizando.

Jaime Ravinet agradeció el saludo y destacó el papel ejercido por Izurieta como comandante en jefe, destacando que deja “a nuestra principal institución armada con una modernización verdaderamente admirable”.

Por otra parte, el ex DC prefirió no referirse a las críticas hechas por la Concertación tras su incorporación al Gabinete de Sebastián Piñera, explicando que “prefiero dejar la actividad en el ámbito institucional”.

General Ortega también lo saluda

Tras la reunión con Izurieta, Ravinet recibió en su casa de avenida Santa María de Manquehue al comandante en jefe de la FACh, Ricardo Ortega, quien destacó ya haber trabajado con el ex DC.

“Hemos venido a saludar al nuevo ministro y decirle que estamos muy contentos con su llegada, (es) una persona que conoce mucho de Defensa y con la cual hemos trabajado muy bien en el pasado y estamos seguros que vamos a concretar todos nuestros proyectos”, afirmó Ortega. Añadió que “estamos a disposición del ministro y haremos nuestro mejor esfuerzo por hacer lo mejor posible el tiempo que me queda”.

Tras esta segunda reunión, el futuro ministro de Defensa se dirigió rumbo a la calle Zenteno, donde espera reunirse con el actual titular de dicha cartera, Francisco Vidal.

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Gonzalo Rojas
Miércoles 17 de Febrero de 2010

Un papelógrafo de la Brigada Chacón lo anuncia de modo sintético: “Trabajadores, alerta, a defender lo ganado”. Varias organizaciones sociales lo han advertido también: Presidente Piñera, a su gobierno le vamos a negar la sal, el agua, el arroz, la leche y la estantería completa del supermercado. Ya antes de la elección, no faltaron los empresarios que temblaban por anticipado ante las huelgas y más huelgas que veían venir y, en consecuencia, marcaron Frei.

Y eso que todavía no han comenzado a actuar los tres diputados comunistas que valdrán por 20, no en los votos, pero sí en la articulación de las protestas sectoriales contra el nuevo gobierno. Y nadie en la Concertación querrá quedarse atrás en esas tareas de agitación, para las que encontrarán numerosos pretextos y quizás alguna buena razón.

Los ministros podrán tener más o menos experiencia en el trato con los partidos, pero ésa no es la única competencia que deberán exhibir en el plano político. Será en relación con la movilización social, dominada por las izquierdas, donde deberán demostrar una especial capacidad.

Y ahí parece estar —que nadie lo niegue de antemano, por pura lealtad— la principal debilidad del gabinete: la falta de conocimientos o experiencias (tal vez ambas cosas) frente a las movilizaciones sociales. Ya el pobre Zilic supo lo que era eso, pero lo conoció muy por encima, muy tarde, y duró poco.

Quien mejor lo ha entrevisto ha sido el futuro ministro de Hacienda, al afirmar que “las demandas sociales, sin duda, serán uno de los flancos más demandantes que tendremos”, agregando que él confía “en que con el liderazgo del Presidente, el apoyo del equipo político y una buena disposición, los enfrentaremos bien”. Muy claro.

Pero, ¿conoce al detalle el nuevo ministro del Interior la poderosa actuación de las ONG indigenistas y las tramas de los movimientos lumpen-anarquistas? ¿Domina el ministro de Justicia los criterios teóricos y prácticos de una confrontación sin cuartel con que lo atacarán desde las numerosas agrupaciones? ¿Sabe el futuro ministro de Educación por qué logra el Colegio de Profesores quedar siempre como acreedor o víctima? ¿Domina las coordenadas de la FECh y de la FEUC? ¿Intuye el ministro de Minería por dónde y cómo vendrán las reivindicaciones de la Confederación de Trabajadores del Cobre y de las restantes agrupaciones de la aristocracia laboral chilena?

Quizás en sus carpetas y pen-drives no está aún esa información…

Pero ellos ciertamente no serán los únicos ministros amagados.

¿Se sabrá plantar el ministro de Salud frente a las poderosísimas Fenats, Confusam y ante sus colegas del Colegio, todos muy ideologizados? ¿Tendrá voluntad la ministra del Sernam para frenar las presiones del feminismo radical chileno y de las redes de apoyo internacional, que reivindican como derechos el crimen del aborto y la unión de lesbianas con posibilidades de adoptar? ¿Soportará el ministro de Cultura la pecha de los sindicatos de artistas por más y más platas para caprichos y caprichines? ¿Tienen claro los ministros del área energética y medioambiental la organización y los recursos que dominan las ONG ecologistas, ya bien implantadas en Chile?

Y, como caso resumen, ¿domina la ministra del Trabajo la actividad de una CUT que se hará fuerte como nunca antes, porque ya no jugará a dos bandas frente al gobierno?

Sin duda, todos los ministros tendrán la mejor disposición al diálogo. Pero para enfrentar con éxito las duras posturas con que a veces se encontrarán, cuánta falta les harán subsecretarios y jefes de servicio que dominen a fondo las coordenadas de sus contrapartes. ¿Contarán con ellos?

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Gonzalo Rojas
Miércoles 10 de Febrero de 2010

Toda persona de izquierda tiene, entre sus concepciones más básicas, ésta: el dinero de los ricos tiene que llegar a ser dinero del Estado.

Para eso, las medidas que se han tomado en la historia del socialismo —y vaya si tenemos ejemplos en Chile durante el período 1964-1973 y entre los años 1990-2010— han pasado por las cargas tributarias atosigantes, por las requisiciones inducidas y por las expropiaciones con o sin indemnización real.
Los ricos, bajo la mirada de las diversas formas de socialismo, no son los gordos de terno y puro, sino todas las personas que han logrado algún excedente entre sus gastos y sus ingresos. Todos, por definición, han sido sospechosos de plusvalía, ganen lo que ganen. Todos le deben mucho al Estado.

Entonces, cuando sus tributos o bienes —el dinero de los ricos, la plata de los otros— entran efectivamente en las arcas estatales, se comienza a producir una reacción en cadena. La plata ajena, se ha dicho, pasa a ser teóricamente de todos los chilenos; pero ese dinero entra al fisco, y el fisco lo administra el Gobierno, y ese Poder Ejecutivo, tremenda novedad, ha estado en manos de la Concertación durante 20 años, durante 20 ejercicios presupuestarios. Pero el proceso no termina ahí, porque esa coalición obviamente ha estado integrada por funcionarios de carne y hueso e identificados con ella, muchos de los cuales, al parecer, se declararon en estado de necesidad y efectivamente trasladaron hacia sus patrimonios personales enormes sumas del dinero de los otros, de la plata de los ricos.

Así, el dinero de los otros pasó a ser de vosotros. Se hizo por proyectos y por negociados y por coimas. Y fue mucha plata. ¿Cuánta?

Descubiertos algunos, procesados y ya sancionados muchos, aún en fase de investigación otros, liberados por los tecnicismos judiciales unos cuantos, ciertamente quedan muchos nuevos ricos de la Concertación por encontrar. No está de más recordar el caso más sutil: unos sobrecitos con billetitos llegaron por años y mensualmente a importantes personeros, y uno de ellos tiene aún mucho que decir sobre el tema, citado ya para el próximo 3 de marzo.

Es cierto que hubo también quienes terminaron sus tareas en el Estado llevándose activos de otra naturaleza: conocimientos y contactos que pusieron rápido a disposición de los particulares, integrándose a directorios y a redes de lobby. Respecto de ellos, cuánto más hay que pensar y afinar sobre los márgenes y plazos en que pueden darse esas vinculaciones.

Por eso, qué candoroso o simplemente falso resulta oír a ciertos actores de nuestra economía cuando afirman que ya están superadas las visiones irreconciliables entre los diversos agentes económicos. No, no es así, porque subsiste una diferencia básica. Pervivirán en Chile quienes, por una parte, ven en el Estado el legítimo administrador del dinero ajeno con vistas al bien común, y quienes, por otra, lo consideran la caja compensatoria de sus desventuras personales o el fondo disponible para sus proyectos de conquista.

En la Alemania oriental de la Stasi, el control fue completo: era la vida entera de los otros la que pasó a manos de la superconciencia estatal. En el Chile de los socialistas (que conocían bien esa gris Alemania y que recibieron a su dictador con besos y abrazos), hasta hoy el objetivo abierto había sido quedarse con el dinero de los otros, aunque ciertamente se lo estaba usando también para un creciente control cultural y moral de sus vidas.

Ahora, fuera del gobierno, todo será más difícil para los izquierdistas. En buena medida —ya se podrán dar ejemplos— el modo de hacer oposición tendrá que ver con esta perversa relación entre los socialistas y el dinero de los otros.

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Tribuna
Domingo 28 de Febrero de 2010
Pablo Rodríguez Grez

No obstante proliferar los sociólogos, politólogos y analistas en el gobierno de la Concertación, aún no se profundiza sobre cuál fue la razón principal por la que ganó la Alianza en la última elección presidencial. Hubo, a mi juicio, un error sustantivo en el oficialismo que seguiría gravitando hacia el futuro cada día con mayor fuerza. Me refiero a la transformación política y social experimentada en Chile a partir de 1980. Desde entonces comenzó a perfilarse una nueva clase media, que no tiene todavía expresión política formal, pero que determinó y determinará el futuro electoral de nuestro país por largos años. Por eso no es exagerado decir que los políticos tienen un campo abonado para gestar liderazgos distintos a los ejercidos por los viejos caudillismos de antaño.

En Chile, durante muchos años y hasta el día de hoy, subsisten tres tercios electorales cuyas raíces se hunden en la división de clases sociales. Mientras la “derecha” se caracteriza por expresar el ideario de quienes gozan de una mayor participación en el ingreso nacional; el “centro” se identifica con los sectores medios; y la “izquierda” con el descontento y la insatisfacción. A medida que las diferencias económicas se profundizan, crece la tensión social y se intensifica la lucha de clases. No en balde los ideólogos del marxismo llaman a agudizar las contradicciones y desdeñan todo reformismo que las pueda atenuar, incluso, califican la caridad como un paliativo antirrevolucionario. La democracia liberal en este esquema, a mediano o largo plazo, está expuesta a debilitarse porque el rupturismo se alimenta de la pobreza, la injusticia y la carencia de alicientes. Por lo tanto, tras cada proceso electoral, subyace siempre un enfrentamiento de clases y es éste el que determina, en definitiva, el destino de los pueblos. Esta realidad se agrava como consecuencia de la atracción irresistible que ejerce el ideario de “izquierda” sobre el “centro”, despreciando el desarrollo y la creación de la riqueza, exaltando la redistribución de la pobreza, y abriendo espacio a gobiernos asentados en el revanchismo, el resentimiento y el inconformismo.

Nuestro país escapará a esta “ley de hierro” sólo en la medida que crezca, se desarrolle su economía, y los grupos marginales se desplacen hacia los sectores medios, afianzando con ello la solidez del sistema. Y es esto, precisamente, lo que ha ocurrido en los últimos 30 años, luego de una profunda transformación en que se dejaron de lado esquemas hoy obsoletos, pero que un día condicionaron la vida de todos los chilenos. Es estúpido pensar que la creación de la riqueza se concentra necesariamente en pocas manos. Este fenómeno ocurre cuando quien gobierna construye, al margen de la voluntad popular, un nicho que termina desintegrado por saturación. ¿Por qué cayeron estrepitosamente los socialismos reales? ¿Por qué la URSS, antes todopoderosa, se derrumbó de la noche a la mañana? La respuesta es clara: porque los pueblos no viven de utopías ni de sueños irrealizables, sino de crudas y a veces crueles realidades.

El gobierno de centro derecha en Chile tendrá continuidad si estimula la “movilidad social”, fortalece la nueva clase media emergente, y neutraliza las trampas que le tenderán quienes añoran el pasado.

La derrota de la Concertación es consecuencia de haber remado contra la corriente. Así, cuando quedó en evidencia la incapacidad del Estado para asumir los nuevos desafíos, se reclamó “más Estado”; cuando se exigía mayor eficiencia y capacidad de gestión, se pregonó la intangibilidad del aparato público; cuando el Partido Comunista no conseguía un solo representante en el Congreso Nacional, se gestó un pacto para torcer la voluntad popular. Estos errores no tienen otra explicación que la incapacidad de advertir y medir los cambios operados en nuestra sociedad.

La llave para que estas políticas pudieran aplicarse durante 30 años y hacer operante el cambio social es una fórmula ácidamente combatida por los reaccionarios de hoy: el sistema binominal. Gracias a él, los partidos políticos no se desbordaron y debieron ceñirse a reglas que los mantuvieron en el ámbito que les corresponde. La aparición de grupúsculos y montoneras -como sucedió en la segunda administración del general Ibáñez- no sólo paraliza las tareas del Estado, sino que genera inestabilidad y un clima propicio a toda suerte de aventuras descabelladas.

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El Mercurio.

Cambio

Señor Director:

Me sumo a quienes desean cambiar el actual “Escubo oficial” por nuestro tradicional Escudo Nacional.

Juan M. Reveco Bravo

Futuro gabinete

Señor Director:

Un notable acierto constituye la formación del futuro gabinete. Personas destacadas, responsables y dignas dan una garantía de buen desempeño.

La alta proporción de independientes marca un sentido superior, que apunta por sobre todo al trabajo por Chile. Muy notable es la inclusión de Jaime Ravinet, que representaría una voluntad en la Democracia Cristiana para volver a su ideología de humanismo cristiano y alejarse de la “sensibilidad marxista” en que ha ido cayendo.

El país puede sentir la seguridad de que el gobierno del señor Sebastián Piñera será una garantía para todos, y que las palabras del candidato no fueron dichas en vano ni con afanes electorales.

Hasta la digna presentación en el Museo Histórico Nacional fue una señal de que el país vuelve a su línea de sobriedad responsable. A un lado quedaba la populachería y el llamado “enchulamiento”.

Sergio Villalobos R.

Gran gabinete

Señor Director:

Salen los abogados, entran los ingenieros.

Gabriel

“Invictus”

Señor Director:

Recomiendo a los señores presidentes de los partidos de la Concertación ir al cine a disfrutar de la película “Invictus” para que aprendan del ejemplo que nos dio Nelson Mandela al perdonar a sus enemigos y lograr la unidad de su país.

Jaime Manríquez Torreblanca

Abogado

Juez Garzón

Señor Director:

Las cortes españolas han sometido a proceso por prevaricación al juez Baltasar Garzón, tras incoar éste causas relativas a hechos de la Guerra Civil, transgrediendo así las leyes sobre amnistía y prescripción.

Pero las mismas cortes prestaron amplio respaldo a Garzón cuando, hace más de una década, procesó a decenas de chilenos, entre ellos el ex Presidente Pinochet, transgrediendo numerosas normas de derecho, entre ellas, las relativas a amnistía y prescripción. Sigue vigente una orden internacional de captura contra esas personas.

Garzón ha citado como testigo de su defensa al ex juez chileno Juan Guzmán, caracterizado también por someter a proceso a numerosas personas, con violación de similares leyes vigentes en nuestro medio. Por lo demás, una mayoría de jueces chilenos ha incurrido en igual transgresión.

De todo lo cual se desprende que no sólo en Chile la interpretación del derecho está supeditada a los criterios impuestos por la corriente política dominante.

Hermógenes Pérez de Arce Ibieta

La doble justicia

Señor Director:

Me cabo de imponer de que en la revista Sábado del 13 de Febrero, el sacerdote Felipe Berríos S.J. en su artículo “La doble justicia”, pone en tela de juicio a la Justicia Militar de nuestro país.

Luego de una exposición referente a la muerte del ciudadano Matías Catrileo, que califica con cierto desparpajo de asesinato –haciendo, de paso, una apología de su condición de “joven idealista”, que sabemos sobradamente mirando nuestro reciente pasado lo que significa-, condena al funcionario de Carabineros de Chile que cumplía un cometido legal y judicial y que actuaba en defensa propia, y cuestiona el actuar de la Justicia Militar y, por ende, al Código de Justicia Militar.

Extenso sería ilustrar a l referido sacerdote respecto del fuero, del fiel cumplimiento de las órdenes judiciales, de la invasión armada sistemática a predios privados para cometer delitos y daños, del respeto a las leyes vigentes, de la defensa propia, del actuar de todos los tribunales de justicia –civiles y militares- respecto de sus variadas instancias y cambios de decisiones acorde con los antecedentes disponibles y de lo que significa vivir y soportar en el terreno mismo, el rigor extremo en situaciones como la que nos ocupa.

Obviamente, ello no es posible, pero sí sugerirle, ya que le agrada este tema, aún habiendo otros más atingentes a su condición religiosa, que se interiorice a fondo del espíritu, la filosofía, la esencia y la “libertad de vida”, como llama él, insertos por el legislador en el Código de Justicia Militar que nos rige.

Luego de ello apreciar si sus apresurados y aventurados juicios acusatorios vertidos en su artículo se ajustan a la realidad. Sólo puedo decirle al señor sacerdote que este código, tan vapuleado por todos los sectores, es elevadamente drástico –mucho más que la justicia civil- con los infractores a sus preceptos y que dentro de él, la equidad y la justicia están plenamente garantidas.

Manuel Gebert Moreno

Coronel de Carabineros (R)

Comisión Valech

Señor Director:

Es de esperar que en esta respetable comisión se considere a las viudas del personal de las FF.AA., Carabineros e Investigaciones que fue asesinado por terroristas en los años 70, 80 y 90.

René Norambuena Véliz

La Tercera

The Washington Post e Insulza

Señor Director:

El Canciller Mariano Fernández dijo, respecto del editorial del diario estadounidense The Washington Post, que criticó la gestión de José Miguel Insulza como secretario general de la OEA, que estaba “preparando una carta, porque comete varios errores de hecho”. Por último, agregó que, “en el periodismo la interpretación es libre, pero hay que ser muy riguroso con los hechos”.

A partir de lo anterior, yo también preparo una carta al periódico norteamericano, narrándole que es inaceptable que un secretario general de la OEA se inmiscuya en política interna de un Estado miembro, tal como ocurrió durante la última campaña presidencial chilena. Todo eso para “ser muy riguroso con los hechos”.

Sergio Correa Herrera


Congreso de la Lengua

Señor Director:

A un país como el nuestro, en donde se habla mal, se escribe peor y es reconocida la pésima educación que se ha impartido por años, lo que se entiende, pero no se comprende, es de qué le sirve ser anfitrión del Congreso de la Lengua si no ha demostrado interés en corregirse.

Jorge Saavedra Moena

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