Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 2/03/10

Militares en acción en las calles de Concepción

La vergonzosa actuación que hemos visto en una parte de la sociedad chilena, donde la violación de la ley para cometer saqueos a supermercados  y a almacenes es asumida como un derecho derivado de los efectos de un terremoto devastador, ha sido incentivada por la tardía e ineficaz reacción del sistema de gobierno.

La lógica desesperación de quienes vieron destruidas sus casas e interrumpida las redes de distribución de energía y agua como también el acceso al abastecimiento de alimentos, se ha visto elevada a límites que superan la razón y ponen en evidencia una peligrosa carencia de principios cívicos, lo que amerita una seria reflexión y la adopción de urgentes medidas correctivas, apenas se supere la crisis.

¿A qué podemos atribuir actos tan desquiciados como el provocar el incendio de una tienda después de robar electrodomésticos, muebles y artículos de todo tipo, absolutamente alejados de las necesidades de supervivencia humana? Los sociólogos podrán calificar técnicamente los hechos observados, pero los simples ciudadanos de este país tenemos el derecho y el deber de expresar los sentimientos que ellos nos provocan.

Apenas ocurrido el sismo, la población nacional quedó sin comunicación y por ende sin información, tal como si sobre nuestro territorio hubieran caído varias bombas atómicas a la vez, al estilo de lo mostrado en la película “El Día Después”. No hubo emisión de radio alguna como las que en el terremoto de 1960 llevaron tranquilidad a la gente, indicándoles al menos lo que había ocurrido y dónde se situaba el mayor problema. Increíblemente, 50 años después y con toda la tecnología disponible, Chile permaneció absolutamente ciego, sordo y mudo hasta que aproximadamente una hora y media después del cataclismo comenzó a transmitir la Radio Bío-Bío. Antes de ello, solo las radios argentinas daban a conocer algunas informaciones provenientes del Servicio Sismológico de los Estados Unidos, en las que se señalaba que un gran sismo había ocurrido cerca de la costa de Concepción.

Ello nos deja en evidencia que Chile no cuenta con un sistema de radio difusión privada capaz de salir al aire inmediatamente después de un cataclismo, sin que sea posible comprender como fue que se perdió la capacidad de reacción que existía hasta hace algunos años. Se demuestra también que el comercialmente atractivo crecimiento de las radios FM desplazó el interés por las radios AM, haciéndolas perder su histórica capacidad de información. Igualmente, ello confirma que en los últimos 20 años las autoridades restaron importancia a las capacidades para enfrentar este tipo de situaciones, pasando a manejar políticamente las crisis en vez de entregar su preparación a verdaderos profesionales.

A partir del momento en logró salir al aire la Radio Bío-Bío, fue quedando en evidencia la falta de organización del gobierno para enfrentar una catástrofe natural de esta magnitud, en especial de la ONEMI, la que fue sencillamente incapaz de reunir la indispensable información de primera mano que le permitiera entregar al gobierno un cuadro de situación que sustentara las decisiones pertinentes.

Los más viejos vimos con extrañeza la falta de protagonismo de la red voluntaria de radioaficionados que  en el pasado nos enorgulleciera,  sugiriéndonos que todo el sistema de emergencia nacional depende de los cómodos pero ineficaces celulares. Nuevamente la pregunta es: ¿dónde quedó la Red de Emergencia de la ONEMI, famosa por su eficacia, siendo operada sin costo por cientos de radioaficionados privados? ¿Será que la soberbia nos llevó una vez más a desechar las capacidades ofrecidas por simples ciudadanos bien intencionados, como sucedió en un comienzo con los bomberos para Haití?

Mención aparte merece la falencia de un sistema nacional de registro sísmico, siendo inconcebible que los escasos equipos existentes sean de propiedad de la Universidad de Chile y no de un organismo de gobierno, tratándose de una necesidad vital para la nación, donde se pudieron destinar con mucho mayor eficiencia los cuantiosos recursos despilfarrados en proyectos que alimentan odios del pasado o entregan “circo al pueblo” con propósitos electorales.

Junto a la falta de un sistema gubernamental de prevención vemos con impotencia como se adolece también de un sistema de reacción para enfrentar una de las amenazas principales que penden sobre nuestro Estado: las catástrofes naturales, las que – sumadas a las hipótesis de guerra – dan sentido y razón de ser a la Seguridad Nacional. Pero, ¿no será que por ser el tema de la Seguridad Nacional un tabú intocable o al menos rechazado por quienes nos gobiernan desde hace 20 años no se pudieron permitir el lujo de preocuparse por él? ¿No será que un eficaz manejo de las amenazas podría permitir la recuperación del “poder militar”, al poner en evidencia las fortalezas que lo diferencian del poder civil? O ¿será que el complejo que los afecta respecto de los temas “militares” y los escasos frutos políticos que ellos brindan ha impedido a estos gobiernos mirar los verdaderos problemas de Chile con una visión de Estado?

Sucedió a la debacle causada por el terremoto un período de largas horas y en algunos casos de días, sin que las autoridades asumieran las responsabilidades que les debieron asignar para estos casos la Planificación Nacional y Sectorial, orientándolos  sobre la forma de enfrentar eventuales catástrofes, cuya falencia queda en evidencia ante la acción inexistente de intendentes y gobernadores, quienes parecen estar hasta ahora ciegos, sordos y mudos, paralizados ante la magnitud del desastre y con nula capacidad de liderazgo, traspasando sus responsabilidades a los Alcaldes, a pesar que ellos no cuentan con la autoridad para conducir y coordinar el trabajo de los Servicios Públicos. Las preguntas que afloran de inmediato son: ¿Alguien ha visto a los Intendentes dirigiendo algo? ¿Alguien sabe quien son los Gobernadores Provinciales o los ha visto en acción? ¿Alguien ha escuchado o visto a alguno de los SEREMIS o a los Jefes de los Servicios Públicos de las regiones más afectadas tomando decisiones en relación a las prioridades o a las acciones que debieran haber iniciado tempranamente?

Nada de ello ha ocurrido y por el contrario, hemos visto un intento de conducción política centralizada en las manos de una presidenta que en vez de exigir que la información llegara a ella en la forma y oportunidad requerida por las circunstancias, prefirió salir a recorrer las localidades afectadas para hacer llegar su cariño de madre más que para coordinar medidas que por lógica se encuentran en manos de niveles ejecutivos subordinados, hoy inexistentes o superados por la intromisión superior. Talvez nadie le dijo a la presidenta que al inmiscuirse ella personalmente en las decisiones tácticas, junto con asegurarse un grado de mezquina popularidad, lo que estaba haciendo era restringir la capacidad de reacción de quienes debieran haber estado a cargo de la solución de los miles de problemas existentes. Con ello la presidenta además, marcó prioridades sin análisis alguno, orientando erróneamente a los escasos medios hacia la solución de problemas secundarios pero vistosos, sin la menor consideración hacia los más necesitados.

Suma y sigue. A pesar de ser evidente la reacción esperable de una gran masa de población desorientada y desabastecida, el gobierno nacional se dio el lujo de dudar en el establecimiento de medidas de excepción, las que postergó por 48 horas, permitiendo que los amagos de caos social se transformaran literalmente en incendios, al demorarse la toma de control de la situación por parte de las fuerzas armadas. Una vez más, el complejo por el tema militar, que por más que lo nieguen se encuentra indisolublemente grabado en la mente de quienes han gobernado el país por los últimos 20 años, les ha penado en contra, poniendo en evidencia su incapacidad para superar el pasado como muy bien lo demuestran las instituciones armadas. Como si éstos fueran los únicos que debieran dar vuelta la página para mirar el futuro y cumplir plenamente con sus obligaciones constitucionales. Como si los políticos estuvieran exentos de dicha responsabilidad y puedan darse el lujo (como lo han hecho) de mantener convenientemente en la memoria el recuerdo de la división causada por ellos mismo entre los chilenos, sin ser capaces de asumir las obligaciones constitucionales que les corresponden.

De otra manera, es inexplicable la actitud débil e inconsecuente con la que los personeros del gobierno que se despide continúan tratando de justificar la tardía declaración de Estado de Catástrofe y la forma vergonzosa en que tratan de restar poder real a los jefes de Plaza, mencionando cada vez que pueden que éstos cumplen su misión “subordinados a las autoridades locales”, lo cual no es más que es una falacia, puesto que sus facultades  superan largamente la autoridad de los inoperantes fantasmas políticos locales. ¡Déjense de pamplinas y de una vez por todas sean consecuentes con sus obligaciones, dejando que las FF.AA. restablezcan el orden que ustedes no fueron capaces de mantener!

Siguiendo con los desaguisados, el gobierno trata de culpar a la Armada, específicamente al SHOA,  de no haber informado de la inminente ocurrencia de un Tsunami, a minutos de ocurrido el terremoto. Independientemente de una eventual discusión semántica sobre el término, ¿alguien se ha tomado la molestia de preguntar de qué servía saber si no había cómo comunicar el hecho por ocurrir? Sin una red de radio y sin una planificación adecuada, de nada habría servido saber a las 3:40 o 3:45 horas de la madrugada que iba a venir una marejada, maremoto o tsunami en las costas chilenas. Salvo, claro, que el escándalo permite a las desprestigiadas autoridades un alivio, al generar una distracción de la atención periodística hacia un aspecto absolutamente secundario.

Una vez llegada la fuerza militar a hacerse cargo de una población ya desquiciada, sale la presidenta a anunciar pomposamente que “se aplicará todo el rigor de la Ley”, pero de atrás sale su Subsecretario del Interior, señalando que “se actuará con proporcionalidad”. ¿A que están jugando las autoridades de este país? ¿Será una vez más el complejo militar? ¿O será un simple “parche antes de la herida”, para quedar en condiciones de culpar a los militares si ocurre algún hecho de sangre, lavando salomónicamente sus manos? Por fortuna, el desprestigiado e ineficaz equipo de gobierno debe abandonar en los próximos días su cargo, dejando libre el paso a un nuevo contingente que – por malo que pudiera ser y no lo es – superará ampliamente la incapacidad de los actuales.

De los hechos descritos y con la convicción de que esto es sólo el comienzo de las evaluaciones que se realizarán en el futuro, es posible obtener algunas conclusiones, no excluyentes ni definitivas:

1)      Ha quedado en evidencia la incapacidad absoluta del gobierno para enfrentar una de las amenazas clásicas de todo estado: las catástrofes naturales de verdad, no como aquella del Norte, en que se dieron el lujo de nominar burlescamente una coqueta “Ministra en Campaña”….

2)      Chile no cuenta con un verdadero sistema de administración de emergencias, siendo inconcebible que se pretenda mantener en el cargo a la ineficiente Jefa de la ONEMI.

3)      La sociedad chilena actual muestra graves debilidades morales y una absoluta falta de ética, requiriéndose la imposición de campañas de formación valórica que aseguren que las próximas generaciones no las mantendrán.

4)      La causa de la descomposición valórica que pareciera estar en la combinación del materialismo y el individualismo de la sociedad chilena, se potencia con la permisividad y falta de respeto estimulada por la exacerbación de los “derechos” y la inexistencia de los “deberes”, lo que requiere una urgente corrección.

5)      Los gobiernos de la Concertación culminan su gestión con sus debilidades al desnudo, sin poder ocultar su mediocridad y su falta de visión de estado, donde la mala calidad de su red de poder político se fraguó en un concierto de corrupción de todo orden.

6)      Todo lo anterior demuestra la necesidad de dedicar tiempo al estudio de las responsabilidades políticas y criminales de quienes dejaron de cumplir sus obligaciones constitucionales, abandonando el interés por el bien común para dedicarse a satisfacer sus ambiciones personales.

Patricio Quilhot P.

Teniente Coronel ( R )

Anuncios

Read Full Post »

Recuerdo con nostalgia, pero también con esperanza, ese versito de mi infancia: “Sonó la campana, llegó el Profesor, los niños a clase, a oír la lección…”

Quiero pensar que este año, al fin, abandonará el profesor el paro y llegará a su sala, a dictar la clase, y los niños abandonarán la calle, y al toque de la campana, ingresarán ordenadamente a clase, a oír la lección.

Porque junto con la llegada de marzo, llegará también en los próximos días, el término de 20 años del más estéril pajeo de los chilenos con el socialismo estatista, fracasado en todo el mundo, y viviendo sus últimos estertores en la testaruda España.

Son muchas las soluciones en otras tantas áreas del quehacer gubernamental, que el pueblo, fatigado finalmente con tanto engaño, incapacidad y corrupción, espera del nuevo gobernante y su equipo de trabajo. Entre ellas la educación, el trabajo, la salud, la seguridad, y tantas otras.

Nos referiremos hoy a la educación. El gran Presidente de Chile que fue don Pedro Aguirre Cerda, adoptó como lema de su mandato, hace 70 años, el de “Gobernar es Educar”. Los 4 presidentes de los últimos 20 años han llevado el deterioro de la educación chilena a tal extremo, que de haber sido reconocidamente la mejor de América Latina, hoy es una de las peores del mundo.

El deterioro comenzó en 1964, bajo el gobierno de Frei Montalva, con la contratación masiva de activistas políticos, a los que se dio una ligera capacitación y se les incorporó a la docencia con la misión de adoctrinar a los niños en los postulados demócrata cristianos. El ingenio popular los llamó los profesores “Marmicoc”, en referencia a las primeras ollas a presión que bajo esa marca se estaban vendiendo en nuestro país.

Siguió luego el deterioro de la educación chilena bajo el gobierno de Salvador Allende, impulsando el adoctrinamiento socialista de los niños. Algo se logró revertir el deterioro de la educación bajo los gobiernos de Jorge Alessandri y del General Pinochet, pero finalmente Ricardo Lagos le dio el golpe de gracia al establecer el estatuto docente, apernando profesores sin evaluación de su desempeño.

El resultado es que se ha transformado a nuestros respetables profesores de antaño, inspirados en su vocación, en una manga de sindicalistas anárquicos, más buenos para la política y para la plata que para la noble tarea docente. Y han transformado a nuestros valiosos niños de antes, en otra manga de flojos, desordenados, insolentes y pandilleros.

Y así la llegada de este marzo nos entrega las alarmantes cifras que veremos a continuación.

Cerca de 50 mil alumnos de la educación estatal emigraron a la privada, ante la desesperación de los padres por las constantes huelgas de los profesores y suspensión de las clases con el consiguiente deterioro de la educación de los niños y alteraciones de la vida familiar.

Han debido cerrarse gran número de establecimientos y fusionarse con otros, ante la caída de las matrículas, y no se renovarán este año más de 500 profesores.

Pero no podría yo terminar este comentario sobre la educación chilena sin dejar testimonio de mi mayor gratitud y mi reconocimiento histórico a la Escuela de Preceptores Abelardo Núñez y escuelas normales de todo el país, por su importante contribución a la excelencia educacional que otrora nos distinguió.

Lamentablemente el estado de absoluta infiltración marxista y desnaturalización de sus funciones obligó al gobierno militar a su cierre, confiando la formación de los nuevos profesores básicos a las universidades, instituciones que deberán revisar profundamente sus actuales programas y sobre todo los aspectos vocacionales y éticos de sus alumnos, y su adecuada preparación para el desempeño profesional al egresar.

Read Full Post »

El 1 de diciembre de 1928, minutos después de la medianoche, en la Región del Maule se registró un terremoto grado 8,3 en la escala de Richter. El epicentro estuvo en la ciudad de Talca.

Mi padre, David Hermosilla Guerra, había asumido recién la Intendencia de Maule, con asiento en esa época en la vecina ciudad de Linares

Conciente de lo que había ocurrido en Valparaíso 22 años antes, en 1906, en cuanto a los saqueos, asaltos y otros delitos que sólo pudieron ser reprimidos días después, con la designación del Almirante Luis Gómez Carreño como Jefe de Plaza, dispuso el estado de emergencia en la provincia a su cargo, y designó Jefe de Plaza al Comandante del Regimiento, quien asumió de inmediato, y a las 5 de la mañana, la ciudad estaba totalmente controlada preventivamente y patrullada por militares.

En el caso de 1906, en Valparaíso, se tardó  demasiado en la declaración de estado de emergencia y designación de Jefe de Plaza. Al asumir el cargo, el almirante Gómez Carreño ordenó a la marinería el fusilamiento inmediato de los asaltantes en el mismo acto y lugar en el que fueran sorprendidos cometiendo el delito. Entre las muchas barbaridades que sufría la población estaba aquella de ver cortadas con afilados cuchillos las orejas de las mujeres que llevaran aros, para robárselos. El almirante restableció en pocas horas el orden público, resultando fusilados alrededor de 60 bandidos. Hasta el día de su fallecimiento, el Almirante Gómez Carreño ya en situación de retiro, fue considerado en Valparaíso un héroe nacional, por una población agradecida.

Pero bien, mi padre instruyó a las casas mayoristas (no había supermercados en esa época) de entregar el contenido alimenticio de sus bodegas al Ejército, y al mediodía ya se estaban repartiendo alimentos en el Regimiento a las personas damnificadas.  Posteriormente el Supremo Gobierno regularizó legalmente el estado de emergencia, y ratificó lo obrado por mi padre.

El terremoto dejó cerca de 300 muertos, más de 1.000 heridos y alrededor de 130.000 damnificados, pero en Linares no se registró ningún delito, asalto ni saqueo.

¡Cómo contrasta lo anterior con la situación vivida estos días en Concepción y Talcahuano, en que sólo después de los más enérgicos requerimientos de la alcaldesa Jacqueline van Riesselberghe, y de impactantes imágenes mostradas por los canales de televisión, se sacó la marinería a las calles y se dispuso toque de queda nocturno.

La tardanza en entregar el control de la situación a la Armada Nacional en la Región del Bío-Bío, produjo, además de los innecesarios daños a la propiedad pública y privada, y de graves violaciones y angustias a la población, la comprobación de que en el Gobierno de la República  -que afortunadamente está terminando-  hay una tremenda negligencia e incapacidad, aparte de la odiosa resistencia política a todo protagonismo profesional de las Fuerzas Armadas de la Nación, expresada en este caso postergando hasta extremos intolerables, la autorización para que pudieran cumplir con sus funciones propias, constitucionales y necesarias, en los casos correspondientes.

Read Full Post »