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Archive for 26/01/10

El gorila Chávez se mandó otro zarpazo en su camino al totalitarismo socialista. ¿Usted ha visto reclamos de nuestra progresía periodística tan llena de si misma? ¿Leyó usted a Paulsen, Guillé o alguno de los cientos o miles de periodistas progre que pululan en Chilito rasgando vestiduras por la libertad de prensa en Chavenezuela?…yo al menos no vi nothing, nada, nein.    Se que voy a decir algo políticamente incorrecto, pero soy de la mas firme convicción de que en Chilito el mayor adversario de una sociedad libre y pluralista no es ni Escalona ni la Tohá ni siquiera Avila o Tellier. Es la abrumadora mayoría izquierdosa en nuestro gremio criollo de periodistas pericotes progre, que inundan todos los medios, sorry por repetirlo pero es que me parece tan obvio… ….basta leer Las Ulimas Noticias, o escuchar en la radio Zero a mi tocayo Patito Fernandez (dueño del Clinic) y al amigo Rafael Gumucio, que habla como el gato Silvestre, slsh me shkliero comer a Piolín. Rafa Gumucio además goza de regia “asesoría comunicacional” en la Subsecretaría de Transporte…¿Puede creerlo usted?…¿Se le irá a mantener esa “asesoría” en el nuevo gobierno de la pérfida deressshhha?   En estas materias creo que hay que ser claros en el diagnóstico y efectivos en la acción. Por favor ni un peso más de nuestros impuestos a periodistas-activistas, ni a los izquierdosos ni a los (inexistentes) deresshosos.

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SE REPRODUCE UN ATINADO COMENTARIO DEL IMPREDECIBLE FERNANDO VILLEGAS.
Publicado en La Tercera, Domingo 10 de Enero de 2010.

Dice el cuento que a un porfiado dueño de rotisería lo sorprendieron masticando una barra de jabón Lux, pero aquel insistía en decir “pues tiene gusto a jabón, echa espuma como jabón y huele como jabón, pero es queso”. En el caso nuestro bien podríamos afirmar que Codelco tiene gusto a “propiedad de todos los chilenos”, pero es jabón. O para decirlo sin ambages, propiedad de los trabajadores. Es la República de los Trabajadores de Codelco. Porque, no nos llamemos a engaño: el ejercicio de la propiedad se hace notorio cuando hacemos y deshacemos con eso que poseemos y en este caso dicha práctica es evidente: Codelco -sus divisiones- funciona cuando a sus trabajadores les parece bien, se pagan sueldos y bonos según como a ellos les convenga, se dan todas las licencias médicas -el triple que los mortales comunes y corrientes- que creen adecuadas, se ofrecen y reciben créditos blandos en el monto que desean y dejan expeditos o cierran los caminos de acceso al yacimiento cuando se les frunce. Si todavía eso no es jabón, al menos tampoco es queso.

Ante esa realidad, la cual hace de estos trabajadores los mejor pagados del país, los con mejor previsión, mejores hospitales, regalías, premios, etc., aquellos, para justificar sus privilegios y demandas, suelen esgrimir en tono contundente una serie -siempre la misma- de razones, pero puesto que no son precisamente unos desposeídos podría pensarse que tras dicho clamor simplemente hay una ambición que se ha cebado tras años de práctica, no necesidad ni precariedad. Verdad es que la ambición es legítima aunque sea antiestética. ¿Por qué no habrían de querer más de lo que ya tienen, como hace casi todo el mundo? Lo ilegítimo es disimularla y convertirla en “justicia”.

Tal como las hemos oído de boca de uno de sus dirigentes, esas razones son las siguientes: A) Gracias a “su” trabajo y las divisas que eso representa, el país dispone de recursos para hospitales, escuelas y todo lo demás. Ellos generosamente le entregan mucho al país y merecen una retribución. B) Las condiciones son muy duras: hace frío allá arriba, pesadas jornadas, etc. C) Los “viejos” manejan y son responsables de maquinaria muy costosa. D) No es problema de ellos que a los demás trabajadores chilenos les paguen menos.

Examinemos ahora esas razones, una a una.

“Gracias a SU trabajo”

Falso. No es “gracias a su trabajo” que dichas divisas existen, sino al revés, dichas divisas todavía existen pese al costo de su trabajo. Debemos, en ese caso, más bien agradecer el actual precio del cobre. Agradecerles a los chinos. Por lo demás esa idea de que todo brota de “SU” trabajo es engañosa; “su trabajo” es simplemente una función laboral derivada de la orgánica de la empresa, NO producto personal e intransferible  de los determinados empleados que llenan actualmente dichas funciones.  CUALQUIER chileno adulto entre 20 y 50 años, con buena salud, podría realizar las  mismas faenas con el debido entrenamiento. Creer que es gracias a estos Pedro, Juan y Diego particulares que esas divisas existen y con nadie más podrían es un acto de arrogancia.

“Condiciones duras”

Falso. Las condiciones de la minería son duras, pero NO más duras que las de muchas otras actividades y a menudo lo son menos. La accidentalidad de la minería del cobre es muy inferior a la de la construcción, la pesca y hasta de la agricultura, donde de modo silencioso e invisible no pocos trabajadores se van envenenando con los pesticidas de uso masivo. Fuera del factor riesgo, la rutina misma de muchos empleos es mucho más pesada y angustiosa. ¿No lo es levantarse todos los días a las seis de la mañana para ir a trabajar en una tienda, dependiendo de comisiones cada vez más reducidas y un sueldo base microscópico? ¿Es menos duro colgar de un andamio a 10 pisos del suelo por 350 lucas al mes, promedio? Hay miles de ejemplos a la mano.

“Responsables de maquinaria muy costosa”

Falso. No son más “responsables” que cualquier otro trabajador chileno que maneja, en su pega, equipos o sistemas. En la construcción se usan camiones betoneros, grúas, mezcladoras, etc. En la banca, sistemas informáticos y se es responsable del flujo de millones de dólares. En la medicina hay aparatos de alta complejidad y costo. En la pesca, barcos y motores muy caros. En la aviación comercial están en juego entre US$ 50 y US$ 100 millones y entre 150 y 400 vidas por avión. Y así sucesivamente.

“No es culpa nuestra que los demás trabajadores…”

Verdad.  No es culpa de los mineros de Codelco que al empleado de tienda le reduzcan la comisión y el trabajador del agro se envenene con pesticidas y el vendedor callejero tenga una vida de mierda y el burócrata desarrolle hemorroides. Sin embargo, no es menos cierto que los  millones de dólares extras que entrañan estas “negociaciones”, patéticos duelos entre la firme pulseada de los recios mineros y la muñeca de porcelana de los cohibidos eunucos del Estado, terminan perjudicando a los demás trabajadores. Equivalen a menos hospitales, postas, escuelas y caminos. Ese dinero extra con el cual los mineros, casi sin excepción, han corrido ya a darse el vulgar gusto de comprar una nueva 4×4 sale de los bolsillos de sus compatriotas. En eso radica todo a fin de cuentas, a darle gusto “a la vieja”, a darse gusto uno mismo. No hay en esto epopeya laboral tipo mártires de Chicago, sino codicia con una ley del 100%.

Fernando Villegas

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