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Un reciente ascenso de un Ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago a Ministro de la Corte Suprema, nos ha hecho meditar y confirmar sobre los requisitos que se requieren para llegar a la máxima instancia de la justicia chilena. Para lo anterior, y lo que afirmaremos a continuación, nos hemos limitado a efectuar una recopilación de información de prensa, ampliamente difundida con motivo de esta designación.
Para obtener ascensos en la carrera judicial, es necesario tener los méritos que la Concertación ha fijado desde el 11 de Marzo de 1990, ese día imborrable en que la izquierda reasume el poder en Chile.
La prensa nos señala, una vez más, que estos méritos son, como lo señaló el ministro de Justicia, “ser una persona de excelentes antecedentes”. Veamos cuales son dichos requisitos en este caso:
1.- Idealmente, no ser católico observante, sino “libre pensador”, o agnóstico, o ateo, en concordancia con el pensamiento laico predominante en la presidencia de la República y las esferas de gobierno. Requisito cumplido.
2.- Haber dado muestras evidentes de su inclinación política, ayudando a los miembros del gobierno caídos en desgracia, por desfalcos, influencias indebidas, enriquecimiento ilícito a costa de los impuestos que pagamos todos los chilenos. Para este caso en particular, recordemos que en el año 2003 el actual ascendido cenó con el ministro del Interior de la época, José Miguel Insulza, junto a otros dos ministros, mientras se hacía público uno de los innumerables escándalos concertacionistas, en este caso, el del MOP-GATE y coimas. Requisito cumplido.
3.- En lo judicial, haber votado a favor del desafuero del ex Presidente General Pinochet y en contra de la aplicación de la Ley de Amnistía, condenando a cuanto militar le pongan por delante. Ambos requisitos más que cumplidos.
4.- Haber dado muestras evidentes de votar en contra de los principios de la Iglesia Católica: falló a favor de la entrega de la “píldora del día después” (nunca se dice después de qué), a jóvenes de 14 años. Requisito cumplido.
5.- Sin ser requisito establecido, también se valoran iniciativas que transformen los sistemas de control interno de los tribunales, de manera que no haya que dar explicaciones a nadie, por fallos absurdos.
En relación a esto, el recién ascendido ministro apoyó públicamente la lista “Nueva Justicia”, en la última elección de la Asociación de Magistrados, que proponía eliminar el sistema de calificaciones, el recurso de queja y la Comisión de Ética del Poder Judicial, “para que no se vulnerara la independencia de los jueces”. Requisito no especificado, pero en el mismo espíritu de los anteriores, por lo tanto, punto a favor del ministro.
Para mantener o sustentar la imagen de un Poder Judicial imparcial, no teñido de ningún color político, de vez en cuando se asciende a un ministro profesional en puridad, pero se le destina a Salas de la Corte Suprema en que se mantenga la mayoría de “los otros”.
En el caso de la Segunda Sala Penal de la Corte Suprema, al pasar a retiro el más contumaz de los ministros que hasta hace un tiempo la constituía, el señor Chaigneau, fue sustituido por otro del mismo color, de manera de garantizar al actual gobierno, que jamás se dejará de condenar a los militares que llegan a esa instancia. Cuando ha sucedido lo contrario, casos excepcionales, ha sido por hechos fortuitos, en que no asistió uno de los suyos y fue reemplazado por uno que sí falla conforme a derecho.
No podríamos terminar estos comentarios, sin dejar claramente establecido que, pese a todo lo anterior, existen ministros que aplican principios masónicos de “tolerancia”, “prudencia”, “fraternidad” y que sentencian imparcialmente, valientemente al aplicar las leyes con ecuanimidad y que se niegan a aplicar tratados no vigentes en Chile. Vaya a todos ellos, esa honorable minoría, nuestro reconocimiento y gratitud por ser ellos verdaderos tutores de la justicia. Pero en lo general, esta justicia chilena está torcida, no se ajusta a derecho, y favorece al izquierdo, sin perjuicio de lo cual, seguimos esperando de ella que, cuando “falla” lo haga sin “fallas”.
Por su parte las Fuerzas Armadas activas, fingen que la justicia es el camino, que deben acatarse sus veredictos, pero saben que sus resoluciones son una persecución a las que un grupo de militares -que se repiten-, se someten a sabiendas que sus sentencias están previamente hechas.
Ningún vencido tiene justicia si lo juzga el vencedor y, está costando mucho que para bien de Chile, se privilegie la Paz, armonía, perdón y reencuentro de la civilidad con sus uniformados. Por temor, por ambiciones personales, por la necesidad de hacer carrera jurídica, la justicia no se está aplicando en los tribunales.
A estas alturas, la única esperanza es la fe, creer en Dios, que permite la guerra para mostrar el valor de la paz; que permite la venganza para enseñar el perdón; que mantiene vigentes a ministros como, Alejandro Solís o Carlos Cerda, para que conozcamos las injusticias; nos hace vulnerables a enfermedades, para que se valore la salud; mantiene al final de nuestros días, la muerte, para mostrarnos la importancia de la vida, y nos dio a Pinochet para que lo comparáramos con los nefastos gobiernos de la Concertación
